Llevamos décadas quemando millones de barriles
de petróleo diariamente. Quien no ligue cambio climático a la acción humana será
un necio. Con el incremento de la temperatura que trae aparejado el aumento de
dióxido de carbono en la atmósfera, cada vez es más difícil controlar los
incendios forestales de los bosques. La catástrofes medioambientales en todo el
hemisferio sur del año 2019 son terribles exponentes.
No van a bajar en los próximos años las
condiciones ambientales que hacen tan fácil la propagación del fuego, así que
se requiere tomar urgentemente medidas inteligentes para evitar que esto pueda
volver a suceder. Han de ser medidas realistas, es decir viables
económicamente.
Veamos: ¿Qué se suele hacer ante los
incendios? Los bomberos llevan agua al lugar, ya sea en camiones cisterna o en
hidroaviones, y lo sueltan sobre el fuego. La simple acción de tener que
transportar ese agua no es eficaz. El agua ya debería estar allí. Debemos
llenar los bosques de depósitos.
Para que la incidencia de esos depósitos sea
mínima sobre la naturaleza, esos depósitos deben estar dispuestos en vertical.
Y para que el efecto del volcado de su agua tenga el mayor radio de acción posible, los
lugares elevados serán preferentes.
Para que no sea necesario llenar de agua los depósitos, éstos captarán el agua de la lluvia, así que estarán abiertos por arriba.
Para que el volcado de esa agua no dependa de
guardias forestales ni de sistemas electrónicos, ha de aprovecharse la
gravedad. La base de esos depósitos no ha de ser estable sino semiestable.
Para que sea el propio fuego lo que active el
volcado de cada depósito, las «patas» de ese depósito vertical e inestable
serán de madera o cualquier otro material inflamable. Opcional material explosivo controlado a distancia si alrededor no hay hierba o árboles
sino piedras o arena. Cuando las
patas se queman, el depósito cae y libera al suelo que está en peligro toda su agua
acumulada. Las patas no han de ser tan frágiles como para no poder soportar el
empuje de un gran animal.
Para que el agua no se evapore, sólo habrá un
pequeño agujero por el que pueda entrar por gravedad el agua de la lluvia, y dicho agujero estará en el
centro del plato de la cara superior.
Para aumentar la superficie de captación, las
dimensiones del plato-tapa excederá el diámetro del depósito. Se consigue así también
que la tapa esté estable en tanto el depósito no ceda. Si el depósito cede por
un incendio no hará falta abrir ninguna tapa porque el sistema nunca estuvo herméticamente cerrado.
Para que las aves no aniden, y los animales o
las hojas no puedan taponar el agujero central, el disco de captación tendrá
arriba una malla metálica convexa, que deje pasar la lluvia y nada más.
La idea básica es ésta.
Que todos los países hagan miles y miles de
ellos, adaptados en tamaño y dimensiones a sus recursos y a su naturaleza
autóctona, que se repartan por todos sus bosques y praderas, y que los guardas
forestales hagan revisiones esporádicas de su estado para mantenimiento básico.
- No siempre será posible que este sistema sea suficiente para extinguir cualquier incendio. Pero todo lo que pueda ralentizar significativamente el avance de un fuego cualquiera, una vez iniciado, será una ventaja inestimable para la labor de los bomberos y un factor clave para la no propagación del incendio con garantías de éxito.
- El plato del depósito se diseñará de cualquier forma que no pueda hacer de lente cuando incida en él los rayos de sol.
davidcarrera7@gmail.com







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