martes, 21 de enero de 2020

PREVENCIÓN DE INCENDIOS MASIVOS EN GRANDES ESPACIOS NATURALES



Llevamos décadas quemando millones de barriles de petróleo diariamente. Quien no ligue cambio climático a la acción humana será un necio. Con el incremento de la temperatura que trae aparejado el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, cada vez es más difícil controlar los incendios forestales de los bosques. La catástrofes medioambientales en todo el hemisferio sur del año 2019 son terribles exponentes.

No van a bajar en los próximos años las condiciones ambientales que hacen tan fácil la propagación del fuego, así que se requiere tomar urgentemente medidas inteligentes para evitar que esto pueda volver a suceder. Han de ser medidas realistas, es decir viables económicamente.

Veamos: ¿Qué se suele hacer ante los incendios? Los bomberos llevan agua al lugar, ya sea en camiones cisterna o en hidroaviones, y lo sueltan sobre el fuego. La simple acción de tener que transportar ese agua no es eficaz. El agua ya debería estar allí. Debemos llenar los bosques de depósitos.


Para que la incidencia de esos depósitos sea mínima sobre la naturaleza, esos depósitos deben estar dispuestos en vertical. Y para que el efecto del volcado de su agua tenga el mayor radio de acción posible, los lugares elevados serán preferentes.


Para que no sea necesario llenar de agua los depósitos, éstos captarán el agua de la lluvia, así que estarán abiertos por arriba.
Para que el volcado de esa agua no dependa de guardias forestales ni de sistemas electrónicos, ha de aprovecharse la gravedad. La base de esos depósitos no ha de ser estable sino semiestable.



Para que sea el propio fuego lo que active el volcado de cada depósito, las «patas» de ese depósito vertical e inestable serán de madera o cualquier otro material inflamable. Opcional material explosivo controlado a distancia si alrededor no hay hierba o árboles sino piedras o arena. Cuando las patas se queman, el depósito cae y libera al suelo que está en peligro toda su agua acumulada. Las patas no han de ser tan frágiles como para no poder soportar el empuje de un gran animal.



  
Para que el agua no se evapore, sólo habrá un pequeño agujero por el que pueda entrar por gravedad el agua de la lluvia, y dicho agujero estará en el centro del plato de la cara superior. 




Para aumentar la superficie de captación, las dimensiones del plato-tapa excederá el diámetro del depósito. Se consigue así también que la tapa esté estable en tanto el depósito no ceda. Si el depósito cede por un incendio no hará falta abrir ninguna tapa porque el sistema nunca estuvo herméticamente cerrado.



Para que las aves no aniden, y los animales o las hojas no puedan taponar el agujero central, el disco de captación tendrá arriba una malla metálica convexa, que deje pasar la lluvia y nada más.





La idea básica es ésta.
Que todos los países hagan miles y miles de ellos, adaptados en tamaño y dimensiones a sus recursos y a su naturaleza autóctona, que se repartan por todos sus bosques y praderas, y que los guardas forestales hagan revisiones esporádicas de su estado para mantenimiento básico.


  • No siempre será posible que este sistema sea suficiente para extinguir cualquier incendio. Pero todo lo que pueda ralentizar significativamente el avance de un fuego cualquiera, una vez iniciado, será una ventaja inestimable para la labor de los bomberos y un factor clave para la no propagación del incendio con garantías de éxito.

  • El plato del depósito se diseñará de cualquier forma que no pueda hacer de lente cuando incida en él los rayos de sol.


Aportaciones y preguntas: 
davidcarrera7@gmail.com